"...¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso?..."
"Rachel,... sí..."

Rachel toma siempre el tren de las 8.04hs. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas… y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece?
Tú no la conoces. Ella a ti, sí...


Lo malo de que muchos ya hayamos cambiado a los lectores digitales como el KINDLE, es que cada vez son menos los pasajeros de trenes, subtes y colectivos, que viajan exhibiendo las portadas de sus lecturas.
Siempre me resultó un buen termómetro para reconocer un best-seller.
A la mañana, cuando todos íbamos un poco dormidos a trabajar, encontraba muchas mujeres haciendo equilibrio para seguir leyendo la trilogía Caballo de Fuego, por ejemplo, y yo no podía dejar de sonreír cómplice, diciéndoles con la mirada: "¡Oh, si! Sé lo que estás sientiendo."
Además de todos los de Bonelli y Cincuenta sombras, también El código Da Vinci, Perdida o la saga Millenium fueron portadas que se repitieron mucho en los vagones en los que yo viajaba y ahora, volví a encontrarme gente hipnotizada leyendo un nuevo boom editorial: La chica del tren.
Y obviamente, la chica de Leyendo ando, la misma chica que viaja en subte a diario, no pudo esquivar esa lectura que hoy les quiero comentar.

Mis sensaciones

Soy de las que se enamoran a primera vista de las portadas y esta novela tiene una que me encanta. No puedo más que mirarla sin poder explicar el hormigueo placentero que me despierta. (Debe ser que el vagón que se ve de fondo es similar al de la linea de subte que tomo yo. "Linea B, amigas argentinas")
Y cuando una portada me gusta mucho, espero encontrar en su interior algo exquisito, así que me apuro a leer la sinopsis y aunque sea mala, la portada siempre me puede y termino comenzando la lectura. 
Pero al comenzar "LA CHICA DEL TREN", no sabía dónde estaba parada. Los primeros párrafos me resultaron confusos y soporíferos, como si la misma narradora estuviera inmersa en un sueño profundo y no tuviese muy claro lo que me iba a contar.
Y en un punto, creo que era así.
Pero cuando el tren deja la primera estación, toma velocidad y la lectura se convierte en un viaje sin destino, donde uno queda atrapado y sin posibilidad de bajarse.
Y ahí comienzan las sensaciones de una lectura que me gustó pero fundamentalmente me ATRAPÓ.

La historia

Hace mucho que no agrego este punto a mis reseñas porque me resultaba repetitivo ya que la sinopsis suele decir todo lo necesario sin caer en spoiler. Pero en esta oportunidad hay algún detalle que me parece enriquecedor para decidirse por este libro.
La historia comienza con Rachel, narrando lo que ve todos los días en su viaje en tren, cuando su vagón se detiene en una parada justo frente a la zona donde ella solía vivir.
Así nos cuenta lo que imagina de una pareja que observa desde su ventanilla y todo lo que día a día construyó imaginariamente sobre ellos. 
Les puso nombres, Jess y Jason, cuando en realidad son Megan y Scott.
Jess y Jason son felices. Una joven pareja que comenzó a construir su futuro soñado, pero cuando Megan desaparece, Rachel descubre que su imaginación está muy lejos de la realidad.
Entonces ella se involucra, porque luego de haber sido abandonada, luego de haber sido desprendida de su futuro soñado y abandonada por Tom, su marido, a Rachel solo le queda el alcohol y los viajes en tren, con los que finge tener aún, un poco de su antigua vida.
La desaparición de Megan le devuelve una razón para sentirse útil y necesaria, pero pronto todo comienza a parecer una obsesión.

El discurso

Paula Hawkins construye un relato original y sólido que hace de este thriller psicológico una excelente propuesta. Entretiene, atrapa y sorprende.
La autora utiliza tres narradores para contar la historia y eso le da a la obra un ritmo diferente.
Son tres mujeres las encargadas de conducirnos a través de este viaje:
Rachel, la protagonista, es la chica del tren y narra todo en presente y sin saltos en el tiempo.
Megan, es la mujer que Rachel observaba desde el tren y que en su imaginario se llamaba Jess, la esposa feliz de Scott.
Los relatos de Megan comienzan un año atrás y no son correlativos como los de Rachel. Van avanzando rápidamente, mostrando solamente los hechos importantes del último año.
Y Anna es la mujer que se quedó con todo lo que Rachel tenía. Su casa, su esposo y el deseo de ser mamá y su voz aparece cuando la historia ya está avanzada, narrando desde el presente y del mismo modo que Rachel, su punto de vista.

El narrador es uno de los detalles más importantes de esta historia. Son tres puntos de vista diferentes, tres visiones y tres testimonios que arrojan diferentes evidencias que nos son útiles para esclarecer el caso.
Porque a medida que vamos leyendo, nos convertimos en los investigadores de esta novela y necesitamos saber qué fue lo que pasó realmente.
Rachel es una de las narradoras más importantes que guían el discurso, y lo curioso es que su voz no es confiable. Es una narradora con una credibilidad dudosa y eso hace que la lectura sea atrapante.
Como lector, es inevitable comprometerse más e intentar dar credibilidad o dudar de lo que Rachel dice estar viendo.

También hay que destacar el ritmo que tiene la novela, porque en el género policial o de suspenso es sumamente importante. 
"La chica del tren" me resultó muy equilibrada en cuanto a sus climas, tiempos y ritmo.

Realmente, elegiría el recorrido de un tren para graficar el pulso del discurso con el que se construyó esta historia.
Hay tramos donde la velocidad es constante y rápida, otros momentos donde la velocidad debe bajar, quizás porque viene una curva o un giro en la trama y luego vuelve a tomar velocidad, para llegara a alguna parada, donde quizás nos aburrimos un poco, o la lectura se hace pesada, pero luego sigue su recorrido, con potencia, con velocidad, con curvas y frenos.


Paula Hawkins escribe con un ritmo que va creciendo a medida que avanzamos en una lectura que tiene giros sorprendentes, capítulos cortos y dinámicos.
Su narración es engañosa y eso es como una droga que nos entretiene y nos hace pensar mucho en cada tramo del viaje.
Es una historia que requiere un poco de nuestra atención, al menos al principio.

El tema

"La chica del tren" trata un tema simple que se hace más complejo a medida que nos metemos en la trama y sus aristas (maravillosas).
Una mujer desaparece misteriosamente y Rachel, una borracha poco confiable, es la única que cree tener pistas para encontrar a Megan.

Los personajes

Rachel es un desastre. Patética y vencida. Pero en algún momento de su vida ella fue otra mujer. Tenía un buen trabajo, un apuesto marido y una casa cerca de las vías del tren. Y a Rachel le encantaba mirar los trenes pasar.
Rachel tenía casi todo y lo perdió. Ahora pasa sus días viajando en un tren, simulando ir a un trabajo que ya perdió, pasando por la casa que ya no es suya, viendo como su marido ahora es el de otra.
Eso es Rachel. Una mujer deseando que el día se consuma y apura un poco su deseo con alcohol. Mucho alcohol.
Rachel se siente despreciada. Culpable. Vencida. Perdida. Ya no es útil ni es importante para nadie.
Hasta que vio algo desde el tren y encontró un sentido a sus días.

Megan y Anna son las otras dos voces que guían el relato. La primera está desaparecida. Pero antes nos cuenta lo más relevante de su último año. 
Megan no es como Rachel imaginaba. No es como nadie la veía, en realidad.
Su personaje ayuda a completar una parte del rompecabezas, mostrando otra cara de las mismas emociones que afectan la vida de Rachel.
Con Anna sucede lo mismo. Es la nueva esposa de Tom, el ex marido de Rachel. A medida que lean la novela, sabrán cómo se fue construyendo esa relación pero al igual que Megan, aparece en la historia para brindar su punto de vista sobre los mismos hechos.

Estas tres mujeres miran el mismo escenario desde distintos ángulos y gracias a que la autora eligió que cada una de ellas narrara en primera persona esta historia, nosotros tuvimos una visión panorámica de los sucesos.
Rachel, la perdedora. Megan, la perdida y Anna, la que creía haber encontrado todo, son las tres mujeres que sin saberlo, estaban unidas por un mismo final.
A las tres las detesté en algún momento  y en otros las compadecí.
Pero a Rachel la quise más. La quise cachetear y sacarle la botella, la quise consolar y le quise dar la mano para levantarla del piso. Si, a ella, la rescaté y la acompañé con empatía en su historia.
En cambio Anna me resultó asquerosa desde el principio y lamento no poder decir nada porque caería en spoilers.
Simplemente Anna es la frívola que no puede ver más allá de su ombligo y al final... ¡el final!
Y Megan... ella estuvo perdida desde antes de perderse y tampoco logré empatizar con ella.
Me quedé con Rachel... ¡Vamos, nena!

El boom...

Creo que cuando un libro se convierte en un suceso editorial, un éxito de ventas o un boom de temporada, no necesariamente tiene que ver con su calidad.
"La chica del tren" es un buen libro que cumple con lo que un lector necesita de una historia, pero no es más que eso.
Como todo boom editorial, el factor que lo desencadena tiene más que ver con la publicidad y el marketing, de lo contrario, muchos libros INCREÍBLEMENTE BUENOS hubieran explotado en las librerías y no sucedió.
Entonces, es una gran lectura y sobretodo, hay un gran trabajo de Paula Hawkins, que me maravilló con su creatividad para organizar el modo de contar una historia, pero tampoco es para detener el mundo.
That´s all... un buen libro que tiene un buen aparato de prensa, es (merecidamente en este caso) un éxito mundial.


En resumen

Les recomiendo sin dudas "La chica del tren", por muchas razones.
Primero, es una buena historia, narrada de un modo impecable, con gran dominio de la tensión y una estructura por demás original.
También porque cumple con todo lo que un thriller psicológico requiere y atrapa de un modo contundente. No desde el primer momento, pero inevitablemente lo hará.
Los climas de esta historia son perfectos y uno recorre un viaje donde se siente tensión, desconfianza, angustia, opresión, lástima, ira... ¡Se siente un poco de todo!
Con momentos brillantes y otros un poco pesados, Paula Hawkins construyó una historia que sin ser la mejor obra del mundo, se convirtió en un suceso mundial y eso, debe ser simplemente, porque no se puede dejar de leer.
Sospeché del culpable desde la mitad del libro y ni siquiera eso me arruinó el suspenso. El final fue tan vertiginoso como tenso y  angustiante y amé todas las emociones que viví.
Sólo me hubiera gustado un final distinto, algo que rogué para Rachel con todas mis fuerzas y esperé durante muchos capítulos encontrar ese regalo para ella en el final, Pero no sucedió porque Paula Hawkins no es tan ñoña como yo. (risas)