Maggie vive en una isla y regenta una casa de huéspedes...
Maggie tiene un huerto y casi siempre va descalza...
Maggie no quiere recordar por qué está allí; duele demasiado...
Maggie ha renunciado al amor y es complicado explicar los motivos...


Hasta que conoce a Alejandro...
y la calma da paso a una tormenta de sensaciones...
y a la posibilidad de que tal vez sí se puede empezar de nuevo.

Oh! Si... otra vez me encontré en un libro. ¡Otra vez me enamoré! Porque Elísabet Benavent lo volvió a hacer...
¿Ya lo terminaron? ¿Lo compraron en pre-venta? ¿Lo devoraron? Por acá, con glotonería. Marcando muchos párrafos, atesorando reflexiones y rescatando cada chispa de esa inteligencia emocional que tanto me conmueve de esta autora.
Somos lo que pensamos y si pensamos así, con tanta inteligencia, es imposible que el corazón no diga a todo que sí.


Mis sensaciones

Después de haber leído la bilogía "Horizonte Martina" había quedado agotada. Me había pesado la carga reflexiva de sus protagonistas y mi lectura se había visto teñida de un gris opresivo.
Pero desde las primeras páginas de "Mi isla", el sol me dio en la cara y me rendí a sentir las emociones más lindas que puedo reconocer en la vida. Gracias, BetaCoqueta... ¡Siempre! (incluso con Martina)

El discurso

Es en lo único que puedo encontrar algo que me hizo ruido y realmente tuve que buscar algo para no hacer una reseña de esas que son todo babas de mi parte.
"Mi isla" está narrada casi en su totalidad por Magdalena, pero como sucedió en "Mi elección" y "Horizonte Martina", el protagonista masculino también tiene algunos capítulos para expresar en primera persona su visión de la historia.
Esta voz elegida para dirigir el discurso a mi me gusta mucho y hace de la lectura un momento cómplice entre los personajes y yo, que estoy prácticamente abrazada a ellos.
Lo único que me chocó fue que el futuro ya conocido por los personajes se encontró muy anunciado por momentos. En medio de un clima de incertidumbre, Magguie deslizaba una declaración fatal que me anticipaba el dolor que se estaba acercando, como una tormenta, que se pasaría pero sería dura y dolorosa.
Esto sucede desde el primer capítulo y entonces, ese sol que me pegaba en la cara, se enfriaba un poco porque había un dolor latente que era muy tangible, pero aún invisible.
¡Ay, Maggie..., Magguie!

El resto del discurso está marcado por el sello original de Benavent, dividiendo el libro en cinco etapas significativas y con capítulos cuyos títulos nos preparan para la emoción que está por llegar.
Si bien, encontramos todos los climas, el libro es muy reflexivo. Sentí que a esta historia la autora la amó durante mucho tiempo y al leer su nota final, comprendí que tan equivocada no estaba.

Es íntimo, sensible y delicado, como un sentimiento que tenemos guardado y protegido bajo una armadura tan gruesa como un cuero curtido.
Y cuando uno se quita la armadura que lleva encima mucho tiempo... la piel duele. Arde y siente todo mucho más. Luego, si llegara el caso de volver a protegerse con ese escudo que la había protegido, volverá a doler... ¡mucho más!

Las escenas eróticas están perfectamente equilibradas con la historia y se integran al discurso de un modo... ¡SUBLIME!
Contagian, se sienten, se anhelan... Es la intimidad más erótica y las emociones más valiosas, plasmadas en párrafos que están exquisitamente cuidados, fundiéndolos en el relato como una segunda piel.

Los personajes

Estoy tan contenta de haber conectado otra vez con los personajes de Benavent que ni siquiera me permito sufrir el duelo de haber terminado esta historia y tenido que soltarlos. ¡Los adoré!
Maggie es una protagonista sólida que guía el relato al mismo tiempo que busca el rumbo de su vida. Ambas cosas se construyen en paralelo y la autora lo hace con tanta perfección que me alucinó más que nunca. (*hilo de baba*)
Entonces Magdalena nos cuenta la historia de cómo construyó la historia de su vida, desde el mismo día que Alejandro apareció por el camino de grava hasta que decidió vivir la felicidad.
Es una protagonista marca BETACOQUETA y eso también me hizo feliz, porque a mi sus mujeres me gustan.
Es inteligente, femenina, vulnerable pero con la fortaleza de quienes lo intentan una y mil veces, valiente y complicada como todo ser humano enfrentando una frustración.
Es una mujer intentando gestionar la vida, que no viene con prospectos, sino con un montón de capítulos escritos y a veces, mucho miedo de escribir los que deben venir para terminar una historia.
Es una mujer sin excusas, con derecho y con revés.
Alejandro... es perfecto. Acá es donde Benavent ultraja el realismo, porque sus protagonistas son la definición de... ¡baba!, de perfección, de deseo, de ... VARÓN.
Son esos hombres que están a la altura de la vida. Los que honran la palabra, el sexo, el placer... el amor. Los que sienten con valor y sin justificaciones de niño. Es de esos hombres por los que una mujer conquista todas las batallas que la vida le ponga en frente. Un hombre para honrar y desear hasta el final.
Se van a enamorar, vuelvan a creerle a la autora. Se van a enamorar...!

El tema

Me enamoré del tema de esta historia y no porque sea de esos romances que nos gustan a todas, sino por el tratamiento que la autora le dio.
Elísabet Benavent bucea en la intimidad del amor. Su origen, los pasos para conquistarlo, las claves para dañarlo y la valentía que hay que tener para vivirlo plenamente.

Todos los días escuchamos a alguien levantar una bandera que lleva un escudo simbolizando el "MIEDO AL AMOR", al menos yo lo encuentro en cada charla, cada encuentro y cada desencuentro protagonizado por distintos personajes que la vida me presenta.
Del mismo modo, encontramos que todos buscan hasta el último día de su vida, conquistar el amor como si fuese un objeto que va cambiando de nombre y forma a lo largo de los años o de los intentos.
Y así, mientras los temores y los anhelos combaten batallas, a veces eternas, la vida se nos escurre entre las manos.
Nos justificamos a veces, con una perfección que nos convence a nosotros mismos, nos apoyamos en el humano permiso de "temer" y nos lamentamos por las pérdidas o la falta de éxito, olvidando que siempre tuvimos la oportunidad de diseñar el final de nuestra historia.
Todo esto les sucede a Magdalena y Alejandro.

El amor está en uno. Y ese es el comienzo de toda historia con final feliz y quizás por eso, debemos leer todo el libro para llegar a esta respuesta.
Magdalena y Alejandro comenzaron de otro modo y también es válido, porque a veces, la vida nos perdona esa falta de amor que tenemos para nosotros mismos y nos regala una oportunidad para aprender a amar.

El principio del amor: encontrarse. Levantar la vista y verte en ese otro, que si el destino hubiera sido menos caprichoso, quizás hubiese pasado desapercibido.

El nudo del amor: levantar el ancla y navegar. ¿Qué pasará? Nadie lo sabe. No hay garantías de éxito pero se conquista la certeza de haber transitado el camino obligado para hacer de lo posible, una realidad.

El final ¿del amor?: amarse tanto como para no perder lo valioso. Creer en uno mismo y validar los sentimientos que nos albergan. Ese es el camino para no dejar que el amor se pierda. El amor nos llega cuando lo podemos reconocer y para eso, se necesita de mucho coraje porque siempre nos es más fácil darle rienda suelta a la cadena del ancla y volver a quedarnos en el medio del mar. Quietos. Sin vida. Sin un propulsor que nos lleve a gobernarlo todo. Sin ninguna isla a donde llegar.

El conflicto

Al principio me parecía que nunca podría haber un conflicto entre Magdalena y Alejandro.
Ellos eran el prototipo del amor platónico que milagrosamente se había concretado. Como de película, como de sueño.
Sin embargo el conflicto llegó y me molestó. Me resultaba lejano e inverosimil. Hasta que comprendí que así son todas las formas de boicotear un gran amor.
A los amores lánguidos no se los mata. Se los deja transcurrir porque serán breves, seran reversibles y no dejarán huella.
El amor verdadero trasciende y nos ata de por vida y encontes, si no hay razones para liquidarlo, nos las inventamos. El verdadero amor viene lleno de excusas, hasta que nos quitamos el miedo y decidimos.
No hay destino. Sólo hay una casualidad que nos presenta, pero somos nosotros los únicos que tenemos el poder de ser. Los únicos que podemos decidir el final de nuestra historia.
Magdalena y Alejandro tienen todo el poder para perderse y todas las herramientas para encontrarse. Lo que no pueden es ignorar que la felicidad, no se olvida y el amor que nos sacude las estructuras, tampoco.

En resumen

Hacía mucho tiempo que no me encontraba tanto en las páginas de un libro. Mucho tiempo desde la última vez que una voz me hizo girar el timón de mis distinciones sobre esas cosas de la vida, que si no son lo más importante, no hay vida.
"Mi isla", es una historia de amor carnal, que se mete en el hueso de nuestras vulnerabilidades y temores, de nuestras frustraciones y de nuestros anhelos.
Es una historia que le hace una tomografía al amor, para diagnosticarlo a tiempo y sanarlo tanto, que su sobrevida será eterna.
Si no lo leen, no se van a enamorar nunca. Se los prometo.