Buenos Aires. 1810Artemio Furia no es un hombre común. Es un gaucho cuyo nombre se pronuncia con respeto y temor en todas las esferas de la sociedad. Entre 1806 y 1807, sus centauros y él sirvieron en los ejércitos de Juan Martín de Pueyrredón para expulsar a los ingleses. Su influencia entre los paisanos es decisiva. Se dice que, con un chasquido de sus dedos puede sublevar a toda la campaña.Cuando comienza a gestarse la Revolución de Mayo de 1810, la facción patriótica, la que desea la independencia del Río de la Plata, lo convoca para luchar por la libertad. Contar con las huestes del gaucho Furia puede significar la victoria.En medio de estas intrigas políticas que pueden acabar con su vida, el pasado oscuro y trágico de Artemio Furia se hace presente. Aunque desearía olvidarlo, el honor lo obliga a hacerle frente con la venganza. En esta otra batalla, Artemio Furia podrá perder algo más que la vida. Podrá perder el amor.


El libro:

Estoy segura de que esta será la reseña más extensa que haga. Pero el libro es tan potente y me ha conmovido tanto que no encuentro manera de contenerme. Me enfocaré en una historia de amor tan profunda y tan trágica como el de Artemio y Rafaela, pero debo advertir que, como siempre, el contexto histórico (que gira sobre la Revolución de Mayo), está exquisitamente descripto y representado.

Con este libro nos encontramos con una novela que se destaca dentro de los trabajos de Florencia Bonelli por su narrativa y estructura completamente distinta a lo que veníamos leyendo.
Está dividido en un prólogo, tres partes de la historia y un epílogo jugoso como suele regalarnos la autora.

En el prólogo, llamado “Memorias de una infancia robada”, descubrimos el doloroso y traumático pasado de Sebastian de Lacy, cuando la noche del 6 de junio de 1790, presenció el asesinato de sus padres. El padre Ciriaco lo encontró dormido al lado de los cuerpos de sus progenitores, lo abrigó y lo llevó con sus amigos indios, que lo admitieron entre ellos y le dieron un nombre. Desde ese momento se presentaba expresando: “ME LLAMAN ARTEMIO FURIA”, pero había dos cosas que él no debía olvidar: su verdadero nombre y los rostros de los asesinos de sus padres.

La PRIMERA PARTE

La historia, nos sitúa en el presente de Artemio. En las tierras de Irlanda, corre el mes de enero de 1820 y él ya no es un niño y una pluma escribe el dictado de su corazón herido:

¿Qué bien hay en vivir sin ti?

Quien contempla el papel recién escrito ya no es un gaucho, es Sebastian de Lacy , nieto del conde de Grossvenor y esas palabras van dirigidas a Rafaela, que según nos relata el fiel amigo Calvú, ha muerto hace años, llevando en su vientre al hijo de Furia.
Pese a que dolía sólo recordarla, la llegada de una carta de Pueyrredón, pidiéndole que regrese a Buenos Aires lo obligó a preguntárselo otra vez: ¿Qué bien hay en vivir sin ti? mientras en su mente escuchó la voz de Rafaela implorando:

No me olvide, señor Furia.

Estos fragmentos del pasado de Furia, nos dejan con muchas preguntas pero con la certeza de que hubo un gran amor, esos que no se olvidan y quedan enterrados en el alma.


La SEGUNDA PARTE

Las respuestas se revelan repasando el pasado de Artemio en Argentina. En el mes de enero de 1810 Artemio Furia vio pasar a Rafaela Palafox y Binda y el impacto fue fulminante. Cuando Juan Andrés Pueyrredón le encargó el cuidado de la estancia en ruinas de los Palafox, Furia aceptó teniendo un sólo interés: Rafaela, la joven que para sobrevivir al exilio político de su padre, fabricaba jabones y perfumes. Su Rafaela de las flores.

El tiempo en la estancia fue el escenario para que ambos vivieran una pasión sin límites ni reglas, entre besos de menta, bálsamos en los labios y perfumes de rosas.

Él era un hombre sin tierra, sin mujer, sin ataduras. Lo único que tenía arraigado en lo más profundo de su ser era la venganza que esperaba desde el día en que desde un baúl observó a los asesinos de sus padres.
Ella sabía de su índole, pero igual lo amaba. Estaba dispuesta a ser su mujer del modo en que él quisiera.
Pero algo había cambiado en Artemio. Su Rafaela de las flores no era una mujer más y supo que nunca podría separarse de ella.
Pero la burbuja de amor en la que se habían cobijado se rompió el día en que Artemio descubrió que debía alejarse de Rafaela. Debía elegir: vengar la muerte de sus padres o quedarse con la mujer que amaba. Con su decisión rompió el corazón de Rafaela y con ese acto el suyo.
A partir de acá, la historia es imposible de resumir sin caer en spoilers, pero deben saber que es el momento en que todo cambia y la historia se hace más grande, más sólida e inolvidable. Tragedias, dolor y amor cierran la segunda parte de "Me llaman Artemio Furia".


La TERCERA PARTE.

Comienza como si fuera un libro nuevo. Aquí volvemos al presente, cuando en mayo de 1820 Artemio regresa a Buenos Aires. Luego partirá a Córdoba, pero antes, una herida de su corazón reclama venganza. Deberá encontrar al causante de tanto dolor. Al responsable de su pérdida irreparable.
En esta parte de la historia, nada es lo que parece. Al llegar a Córdoba el corazón de Furia da un vuelco y el tiempo, sin saldar sus deudas, le pide una disculpa.
En adelante, cada página es una catarata de emociones que se quedan atragantadas, el corazón se nos detiene y las lágrimas nublan la lectura.

Mis sensaciones:

Recuerdo que cuando esta novela llegó a mis manos, préstamo de una entrañable amiga, ella me dijo:

Te vas a enamorar de Artemio. Fue lo primero que leí de Florencia…

Confieso que al empezar a leer y encontrarme con un protagonista al que le faltaba un ojo, que hablaba como gaucho y que tenía la delicadeza de un elefante en un bazar, pensé que mi amiga estaba loca.
Las primeras páginas no despertaron amor, ni deseo. Era totalmente indiferente al gaucho rubio de ojos claros. Hasta que el dolor y el amor se unieron de un modo que tocaron una fibra en mi interior y un mar de emociones me inundó. Este libro me desbordó. A partir de ese momento no pude soltarlo y lo terminé muy entrada la madrugada. No me reponía de una emoción que ya venía otra, y otra, hasta terminar absolutamente conmovida por una historia que va más allá de la ficción.

El gran protagonista de este libro es EL TIEMPO. Las huellas de lo vivido, las marcas que nos recuerdan el pasado, los recuerdos que nos llevan a amar, la venganza que funciona como un motor para despertar al otro día, el futuro que no respeta ni el pasado, ni el presente.

En este libro Florencia Bonelli me conmocionó. Ella siempre dice que sus novelas siempre tendrán un final feliz. En “Me llaman Artemio Furia”, dudamos de que eso pueda ser posible, desde la primera página.

Aquí el respeto hacia Bonelli creció sobre mi pecho, cuando descubrí, el poder de su pluma, para honrar la vida desde el dolor y desde el amor, sin miedo a empañar el final de cuento de hadas, enseñando que pese al dolor más desgarrador la vida sigue y lo vivido, queda. El final feliz llega. De un modo diferente, una felicidad que se debe conquistar a pesar del dolor más profundo.

En este libro, el dolor es tan infinito como el amor. Las pérdidas no se reparan y Florencia nos da su final más carnal, más real, un final feliz que sobrevive al llanto.

Hay una historia muy particular en este libro, una historia de la vida real que me conmovió. En la dedicatoria, (de esas tan hermosas que escribe Florencia), podemos leer:

“(…) A la memoria de Sebastián Eder, en cuyo honor nombré alProtagonista de esta historia. Sebastián, me dicen que pasaste por esteMundo dejando una estela de luz en tu camino. Aquí nadie te haOlvidado, por el contrario, no pasa un día en que tus padres y tusHermanos no te recuerden. Doy fe de eso. (…)”

La historia detrás de esa dedicatoria lleva el nombre de una lectora, Analía Eder, la hermana de Sebastián, que un día se animó a pedirle a Florencia, si podía, alguna vez, nombrar a uno de sus personajes como su hermano, que había fallecido. Ella aclaró: “aunque sea un personaje chiquitito…”.

Florencia contó, que no sólo le dio su nombre al personaje principal, sino que durante todo el tiempo en que trabajo sobre el libro, sintió la presencia de aquel muchacho del que tanto le habían hablado.

Cuando supe de esta historia, detrás de la dedicatoria, me conmoví profundamente. Por la hermana, que con tanto amor hizo el pedido, por Florencia, que no sólo fue generosa sino que volcó tanto amor en su escritura y en lo que terminó por significar el libro luego de este gesto.
Al finalizar el libro, sabiendo esta historia que les acabo de relatar, recordé que la felicidad a veces no es perfecta, que a veces, es el fruto de ese momento donde el amor y el dolor comulgan.

Lo recomiendo

Por miles de razones: es una excelente novela histórica y que no descuida los detalles más importantes de aquel 1810, lo recomiendo porque es un libro que invita a la emoción más profunda y a palpitar la historia de amor más grande que he leído en años. También lo recomiendo para que se reencuentren con Roger y Melody, los protagonistas de mi novela preferida de Bonelli, y porque nunca falta el erotismo, la traición y el toque angelado de la pluma de esta escalera "Bonelista" de las que SIEMPRE les hablo.
Se los recomiendo con el alma en la mano.