¿Cómo rompes el hechizo de sus ojos?
¿Cómo aquietas tus latidos al sonido de su voz?
¿Cómo le enseñas a tu corazón que amar es peligroso?
La vida de Camila da un giro drástico el día en que la empresa de su padre se declara en bancarrota.
Un departamento más pequeño en un barrio viejo y decrépito y un colegio público de jornada simple son algunos de los cambios que debe enfrentar.
Detesta la nueva realidad, por lo que se encierra en la soledad que le brindan sus libros.
Hasta que conoce a su nueva vecina, una astróloga que la iniciará en los misterios de las nacidas bajo el signo del Toro.
Y, a medida que el cambio se profundiza en Camila, la realidad que tanto detestaba va tomando un nuevo color. En ella, el lindo de la clase, Sebastián,
y Lautaro, el enigmático mejor alumno, se convertirán en los protagonistas.
El secreto está en conocer tu corazón.


Supongo que ya saben que Florencia Bonelli es mi autora preferida y que espero cada uno de sus libros con mucha ilusión, pero a este no lo esperaba tanto.
Es que "Nacida bajo el signo del Toro" es una novela dirigida al publico juvenil y después de la trilogía "Caballo de fuego" yo quería más de Bonelli en el género adulto.
Pero como no puedo con mi genio, decidí leer igual esta nueva propuesta y ¿Saben qué? 
¡Me lo devoré en un día!

La historia

Comienza en 2011, cuando Camila comienza un nuevo año escolar y se reencuentra con los compañeros que conoció un año atrás, cuando por problemas económicos de sus padres, tuvo que cambiar de un colegio privado a uno público.
Inmediatamente descubrimos a los personajes que ayudarán a dar forma al relato y entre ellos, están Lautaro y Sebastián.
El primero es chico  es el mejor alumno, bastante serio y poco atractivo. Sebastián en cambio es todo lo contrario: su belleza se impone, no es muy amigo del estudio y es muy extrovertido.
Desde el primer momento Camila se siente atraida por Sebastián, pero algo en Lautaro la cautiva, aunque está segura de que él no la soporta.
Cuando tiene que hacer un trabajo para el colegio con Lautaro descubre que en un momento todo puede cambiar y la personalidad del más estudioso de la clase logra opacar todo el atractivo de Sebastián.

Mientras esta adolescente debe lidiar con cambios rotundos en su vida, conoce a una vecina que le enseña lo que la carta astral dice sobre los nacidos bajo el signo del Toro, como ella, y en ese aprendizaje  descubre más sobre si misma y sobre quienes la acompañan en la vida.

Con una pluma delicada y cálida, como solamente puede empuñar Florencia Bonelli, "Nacida bajo el signo del Toro" cuenta con todas los condimentos que Bonelli imprime en sus historias pero bajando el registro para poder enmarcar el mundo de los adolescentes.

Mis sensaciones

Es difícil reseñar literatura juvenil cuando mi adolescencia ya pasó hace un tiempo. Si bien tengo contacto con adolescentes el registro de la emoción juvenil ya está oxidado, en mi caso y por algunos detalles del libro, creo que el de Florencia también. Es la única fisura que le encuentro a la novela pero por lo demás, les puedo asegurar que se encontraran con una historia que se disfruta muchísimo.

Antes que nada quiero animarlas a leer el libro. No hay que temerle a las historias destinadas a las más jovencitas porque podríamos perdernos una linda historia por un prejuicio tonto.
Si no leen “Nacida bajo el signo del toro” se van a perder un novela que se disfruta mucho, fundamentalmente porque el sello de Bonelli resiste a todos los géneros.

Esta autora que amo y admiro tiene en su pluma el carisma que pocos pueden imprimir. El alma "bonellista" se aferra a cada página de sus libros y por lo que pude aprender gracias a este blog, trasciende todas las fronteras.

En “Nacida bajo el signo del toro” vamos a encontrar una historia de amor íntima y romántica, dotada de todos los condimentos con las que se cocinan las grandes historias de amor.
Al leerla recordé mucho “Un beso en París” (de Stephanie Perkins), por la profundidad del vínculo entre los personajes y de los sentimientos que nacen entre ellos.
El tono íntimo entre estos dos adolescentes es conmovedor y más cercano a la ficción que a la realidad.

 Pero por más que admiro y amo a Bonelli debo reconocer que el género juvenil no es dónde puedo disfrutarla.
Creo que el registro de la adolescencia de Bonelli se quedó en otra década y su estilo clásico, elegante y sobrio, en esta novela resultó más cercano a lo antiguo.
El talento de la autora para contar una historia, romántica, entretenida y sensual, sigue intacto, pero el discurso no me resultó cercano o verosímil con el público que intentó representar.
Ese intento por recorrer el mundo juvenil lo sentí forzado y es así que dotó a sus personajes de vocabulario que no suele estar presente en los jóvenes de hoy en día.
“Tranzar, tranzando, tranzaron” es parte de nuestra adolescencia, y el “chapar, chapando, chaparon” es el modismo que hoy por hoy escapa de la boca de los jóvenes.

Creo que lo más importante a la hora de contar historias es la verosimilitud del relato, sea en el género que sea, y esta novela, hermosa por cierto, me supo a utopía más que a realidad.
Repito, es hermosa, y suspiré, me emocioné y abracé cada capítulo, pero no sé si los adolescentes la van a sentir como lo hice yo. No lo sé realmente, porque encontrar el registro juvenil, es complicado.
Un adolescente que dice “posta” en la misma oración donde vuelca otros anacronismos es caer en un terreno que no corresponde al talento de Bonelli.

Una manera que encontró Bonelli de no estar tan lejana de sus personajes fue dotarlos de una madurez que resulta desmedida.
Lautaro no parece de 16 años, pero tampoco de 18. Lautaron es un hombre de 40 encerrado en un personaje que cursa su cuarto año del colegio secundario.
Camila tiene más licencias pero se aferra a la sobriedad y madurez con la que Bonelli logra expresar su historia. (Por momentos, es una Matilde adolescente)

Es una herramienta práctica dotar a los personajes de una madurez sobrenatural cuando nuestro registro de la adolescencia está oxidado pero... ¿Con qué necesidad?
Pensando en esta pregunta, vinieron a mi mente los temas que trata la novela y encontré que la sabiduría y la conducta madura de los personajes es lo que permite arrojar luz sobre temas que un adolescente debe explorar.
En especial el personaje de Lautaro que actua como una brújula en el bosque de la adolescencia.

Hubo momentos donde las manifestaciones de amor de Lautaro me hicieron sospechar que podría tratarse un psicópata al mejor estilo "Siempre tuyo" de Daniel Glattauer. Pero no, pueden quedarse tranquilas, que es un buen chico y una historia tierna y dulce que por momentos queda sobrecargada de "mi amor" y más "mi amor".

Es así que en "Nacida bajo el signo del Toro" aparecen temas como las dietas y sus efectos, las drogas, las crisis familiares, los duelos y la sexualidad entre otros temas y eso es algo muy positivo.
Sin hacer una bajada de linea sobre los temas, Florencia los pone sobre la mesa y deja que el lector reflexione sobre ellos.
Si yo fuera mamá, le regalaría este libro a mi hija. Seguramente ella lo tomaría como algo escrito por alguien de otra época, un poco anticuado y con forzados intentos de aproximarse a la adolescencia actual. También mi hija disfrutaría secretamente de una historia de amor que enamora, de esas que son soñadas e idílicas y si yo fuera su mamá, daría mi vida para que ella pudiera vivir un primer amor del modo en que Camila lo vive en el libro. Pero lo mejor es que, al leerlo, mi hija  tendría la oportunidad de ver otra mirada sobre los temas que ocupan su vida, podríamos incluso charlar de ellos con la excusa de comentar el libro y como mamá me quedaría tranquila de que no hay nada en esta novela que vaya en contra de lo que yo deseo para mi hija.

A mi me gustó. Es una historia de amor que entretiene y que tiene todos los condimentos que AMAMOS de Bonelli, pero que no logra captar el registro adolescente actual, quedando desfasada y por momentos se evidencia un intento forzado por representar una etapa de la vida que no se llega a registrar con fidelidad.
Lo disfruté yo, que pisé los 30, y que adoré el relato escrito por alguien que transitó la adolescencia en los años ochenta.