Elsa es una joven estudiante que se encuentra perdida en la vida, sumergida en un desenfreno sin rumbo.
Siente en su interior que algo le falta, que no encuentra su sitio ni su camino en el mundo.

Entonces se topa con Adrián, un atractivo y misterioso psicólogo, que hará algo más que retomar las riendas de su vida.
Juntos emprenden una apasionada relación de alto voltaje, al más puro estilo BDSM, adentrándose en los límites más oscuros del deseo y la pasión.



Este libro fue uno que recomendaron mucho en el blog y lo comentaban con mucho entusiasmo, pero algo hacía me que me resistiera a leerlo. 
Creo, casi con seguridad, que era la portada. Me resulta espantosa... (Y ya saben que las portadas me acercan... ¡O no!)
Pero nada puede ser juzgado por la cubierta (¡Quereme fea, mi negro!) y entonces lo leí.
Obviamente, tenía las expectativas muy altas, porque fueron muchas las recomendaciones y de hecho tenía en la cabeza resonándome como un eco, el comentario más "me babeo toda" por parte de una lectora del blog. 
Y lo que me pasó con "Guindilla" fue más o menos esto:

Mis sensaciones

No hubo una sóla cosa que me gustara del libro. 
¿Fui muy contundente? Bueno, trataré de apaciguar mis impresiones.
Sabía que iba a encontrarme con un libro erótico, es más, lo recomendaban como un ardiente de los fuertes, pero no me erotizó en absoluto.
Aunque intenta ser una versión diferente de "Cincuenta sombras", esta historia me recordó un poco más a "La historia de O" o "Sin remisión".
Stop!
Estoy siendo injusta con esos dos libros que acabo de mencionar... ¡Ya lo corrijo!

El tema y su discurso

Que un libro se inspire en "Cincuenta sombras de Grey" ya no es una novedad a esta altura. De hecho, E.L James se inspiró en Crepúsculo, así que no es algo que este mal.
Es más, me gusta que intenten mejorar esa trilogía. Y la verdad, durante dos años nos llenaron de primos hermanos de Grey. Está perfecto (aunque no tengan buenos resultados)
El problema es cuando me encuentro con algo demasiado igual.
No van a encontrar ni el ático, ni al Charlie Tango, ni cosas groseramente parecidas, pero la estructura temática de la historia comienza igual.

Un amo dominante descubre a una sumisa (que desconoce serlo) y le propone ingresar al mundo del BDSM. Ella investiga... (muy Anastasia), comparten impresiones y comienza el juego.
Él no está quemado por cigarrillos, no hay una Sra. Robinson y no es millonario, pero igual, todo me sonaba parecido.
Hasta que llegó la diferencia.

Adrián no tiene nada de romántico. No encontré en él ni sensibilidad, ni seducción ni romance.
Y por momentos las escenas eran tan ásperas que recordé mi angustiante lectura de "La Historia de O" (que es un clásico del BDSM. Crudo. Crudísimo)
Pero para ser justa con "O" y con "Guindilla", las escenas no alcanzan la dureza de ese clásico, por lo que comencé a recordar mi lectura de "Sin remisión", uno de los primeros libros que reseñé en el blog.

También para ser justa, "Guindilla" promete una segunda parte, por lo que puede existir la posibilidad de que el romance salga a la luz en la próxima entrega, pero en lo personal, la historia de base y la dinámica vincular de los protagonistas no me despertó interés alguno.

En cuanto al discurso de la autora, creo que le falta mucho pulido.
En las primeras páginas me ahogó con un tsunami de "nena" en cada diálogo que mantenía con su amiga.
Si, es algo muy coloquial y es muy común en el trato entre amigas pero cuando se lo lleva al papel, desluce el discurso.
"¡Ay, nena!", "¡No me digas, nena!", "¿Qué decís, nena?"... y así hasta que uno comienza a confeccionar una lista de expresiones mejores para indicar que está hablando con su amiga.
En general, el libro no está mal escrito, es un primer trabajo y se nota, pero no tiene grandes errores.
Algunos vicios, una impronta simple que puede aceptarse por el estilo fresco que hoy está de moda y no mucho más.
El disparador de la historia, o la excusa para que comience el juego entre Adrián  y Elsa, me resultó poco verosímil.
Elsa llega a la consulta de Adrián, un psicólogo, dispuesta a dejar las drogas. Él propone una terapia poco creíble (que nada tiene que ver con el BDSM), y así es como esta pareja se conoce.
Me hubiera gustado que se conocieran de cualquier otro modo, pero que fuera más creíble y no un simple recurso para poder dar comienzo a la historia.

Los personajes y su vínculo

Elsa es una universitaria que por momentos es tan inmadura que parece una adolescente. Sin embargo es una joven adulta que vive sola, se la pasa trasnochando, consumiendo drogas y alcohol y descuidando sus estudios.
Cuando quiere cambiar su vida conoce a Adrián, un psicólogo que le recomendó su amiga.
Él es serio, antipático e impermeable. Y creo que es el punto más flojo del libro.
De Adrián no se sabe ni que siente, ni que piensa ni qué desea. Solamente sabemos que es un amo dominante que encuentra en Elsa una sumisa en potencia.
Pero lo que menos me gustó de esta historia es que no hay romance.
Como punto favorable, la autora logra equilibrar las escenas eróticas con el resto del libro y no termina saturando ni cayendo en el mal gusto.
Si bien el erotismo es potente, el relato no es desagradables, ni sórdido ni muy violentos, Sólo es más crudo, real y hay una falta de emoción y sensibilidad que a mi me aleja.
Si lo miro desde el punto de vista del BDSM es muy realista, y no endulza de más ninguna escena, pero las que buscamos dulzura nos vamos a quedar sin postre.
De todos modos, es lo mejor del libro. Puede que a mi no me guste, que me aburra y me deje con la necesidad de algo más, pero la autora se mantiene firme en su decisión de contar una historia de sumisión y dominación, sin exagerarla o disfrazarla de otra cosa. Bien por eso.

En resumen

"Guindilla" rinde muchos homenajes a escenas de "50 sombras" pero le quita todo el romance para enfocarse en una relación dura y fría.
El gancho, quizás, es que Elsa se enamora. Que Elsa quiere más y ahí está uno de los conflictos principales del libro, que de momento promete una segunda parte.
No me gustó la propuesta, pero es una opción diferente si los lectores están dispuestos a prescindir del amor.
A favor, les diré que es cortito, así que pueden comenzar a leerlo y antes de abandonarlo ya lo habrán terminado.
Por mi parte, no voy a leer la segunda entrega. Me resultó forzado y poco entretenido, y sólo rescato que el lado maduro del libro es el planteo de una relación de dominación donde el amor no es el protagonista.
¿Ustedes qué opinan?